Al preguntarnos por el sentido final de las organizaciones y del trabajo, más allá de la creación de valor, la maximización de las utilidades y de todos los aspectos económicos intermedios asociados, siempre se concluye que se busca algo que trasciende lo puramente material.

Cuando se pasa por etapas duras en la vida, inevitablemente se cuestiona el tema de la felicidad.

Nos cuesta mucho aceptar que todo tiene su término, que somos finitos y que como dice uno de los protagonistas de Irreversible, esa tremenda película narrada al revés, “el tiempo todo lo destruye”.  

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